

No habrá desarrollo social sostenido sin antes revertir el proceso de degradación institucional que se percibe en Argentina y que el actual gobierno ha agravado con decisiones desafortunadas.
El deterioro institucional es notorio cuando se confronta el ideal democrático, republicano y federal consagrado en la Constitución nacional con la realidad de un sistema presidencialista que avanza vertiginosamente sobre los otros poderes y que avasalla a las juridiscciones provinciales. Los superpoderes para disponer reasignaciones presupuestarias, el control oficial del Consejo de la Magistratura, las reelecciones indefinidas en provincias y municipios y el uso clientelístico de la pobreza y la marginación son los casos mas relevantes de un cuadro alarmante.
Pero donde la crisis institucional se hace más visible a todos es en el estado de aquellas instituciones que inciden en la vida cotidiana de los argentinos: el hospital, la escuela, la policía, los tribunales de justicia y los gobiernos municipales son objeto de críticas a diario.
En el mal funcionamiento de las instituciones que forman el frente de contacto con la sociedad juega un papel central el déficit de gestión más que la falta de recursos.
La deslegitimación y el deterioro de las instituciones de gobierno contribuyeron a un peligroso incremento de la acción directa como sistema de reclamo, sea en forma de piquetes, cortes de rutas, calles o puentes, ocupaciones de inmuebles urbanos y rurales, aprietes, escarches, etc. Como consecuencia se potencia la voluntad de hacer justicia por mano propia y se desacreditan aún más a las instituciones que se revelan incapaces de controlar los desbordes.
Afortunadamente hay indicios de que la “cuestión institucional” gana espacio en la conciencia de los argentinos y, si se convirtiese en un tema central en las próximas campañas electorales, redundaría decisivamente en mejores prácticas de gobierno en el futuro.
La forma republicana fue la elegida para nuestro gobierno, y los principios de la misma son los siguientes:
División de poderes en un sistema de frenos y contrapesos.