Presidente Lavagna
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Hay cosas que los argentinos hicimos bien a partir del 2002 durante la administración anterior y parte de esta administración.

Reestructuramos una deuda agobiante de modo inédito y en términos muy beneficiosos para el país. Era necesario hacerlo y lo hicimos negociando con firmeza, pero sin insultar ni agraviar a nadie.

Mantuvimos las cuentas en orden. Ustedes saben que no es libre quien se endeuda.

Fuimos austeros como país. Eso por tener un cambio competitivo que nos permite producir y competir bien en el mundo.

Principios Rectores y Fundamentos

Tres reglas sencillas y necesarias que nos permitieron crecer cinco años seguidos, rompiendo el patrón de volatilidad de las anteriores cuatro décadas pero que no alcanzan por sí mismas para que el país despegue definitivamente.
Depende de lo que hagamos con esta oportunidad: la podemos aprovechar o la podemos rifar.

En este último año me dediqué a recorrer el país con mi equipo. Recorrimos más de 60,000 kilómetros y escuchamos a gente de toda condición. El mensaje que recibimos es siempre parecido: los argentinos quieren empleos dignos y no dádivas, los atormenta la inseguridad y que las escuelas y hospitales estén mal. Muchos no tienen viviendas dignas. Precisan respuestas para esos problemas.

Recorriendo el país vimos también a políticos que viven del clientelismo y que prefieren mirar para otro lado. Como sociedad, todos, no nos podemos hacer los distraídos. En la Concertación para Una Nación Avanzada, que lidero, hemos decidido presentar un plan que pone el foco en estos temas: empleo, educación, seguridad, vivienda, salud. Podemos eliminar la pobreza extrema en cuatro años. Argentina tiene con qué.

Principios Rectores y FundamentosTodavía doce millones de argentinos no cubren necesidades básicas. La mitad de nuestros niños están virtualmente excluidos del crecimiento. Este dato no va a cambiar si como sociedad no nos dedicamos a resolver una situación que nos duele a todos.

El plan parte de consolidar y profundizar lo bueno: superávit, moneda competitiva, desendeudamiento.

Con más empleo vamos a tener menos pobreza y más seguridad. Nos vamos a concentrar, entonces, en generar más y mejor empleo.

Con menos pobreza vamos a tener menos clientelismo, y por lo tanto más y mejor democracia.

Restableciendo los equilibrios republicanos y mitigando los desequilibrios regionales, con transparencia y con eficiencia en la gestión vamos a tener hospitales más dignos, mejores escuelas, calles seguras, transporte que no sea una carga pública, inversión en infraestructura.

Nuestro plan propone, también, un esfuerzo de los que tienen más por los que tienen menos. Es solidario y a la vez de interés mutuo porque las estadísticas muestran que la delincuencia está vinculada a la exclusión y a la marginalidad. La educación pública es el instrumento que permite igualar oportunidades pero las escuelas en áreas pobres son hoy también las más pobres en recursos. No igualan nada. Las inversiones en educación y en salud tienen poca incidencia cuando las condiciones básicas de vivienda no están dadas. Hay dos millones y medios de hogares que no tienen las condiciones mínimas de habitabilidad. Las oportunidades que abre una economía en crecimiento excluyen a los que no han podido invertir sus esfuerzos sino en sobrevivir. Es gente que necesita que los ayudemos a tener una vivienda digna y a contar con las herramientas para subirse ellos mismos, con su esfuerzo, al tren del progreso.

En materia de seguridad nuestro plan busca apartarse de un falso debate entre la mano dura y el garantismo. Vamos a hacer cumplir la ley en un marco de respeto por las libertades de todos. No se trata de dar palos para despejar las calles cortadas, pero tampoco de dejar que un grupo de encapuchados nos  corten las calles a los palos. Vamos a revalorizar una función, la de seguridad, hoy muy disminuida en la consideración social con bajos salarios, sin medios, y escasos requerimientos en materia de profesionalización. Es necesario elegir bien a las personas a las que la sociedad les da un arma.

Tampoco vamos a escudarnos –ni en seguridad, ni en educación, ni en salud, ni en vivienda, ni en los temas ambientales- en la organización federal para eludir responsabilidad en estas áreas. Por ejemplo, hoy la ley prevé un sistema de inteligencia criminal de alcance nacional bajo la órbita del Ministro del Interior, que no está operativo. La lógica de la inteligencia criminal es prevenir el delito y, sin embargo, poco o nada hace el país en esa materia.    

Vamos a ir presentándoles este plan en detalle, semana a semana. A los argentinos vamos a hablarles de empleo, seguridad, educación y también de otros temas que hacen al interés del pueblo. Vamos a convocar a todos aquellos que compartan las líneas centrales del plan a trabajar con nosotros sin distinción de banderías políticas. Vamos a invitar a los otros espacios a contrastar ideas y a dejar de lado los agravios.

Principios Rectores y FundamentosLas elecciones del 28 de octubre no son para mí un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar la legitimidad que me permita contribuir a sacar a la Argentina del estado de fragmentación política, económica y social en que se encuentra.  Debemos pasar del actual estado de convulsión institucional a uno de armonía, cumpliendo y haciendo cumplir la Constitución Nacional.  Pues, como afirmó Alberdi, "la Constitución argentina es excelente porque tiende justamente a colocar la suerte del país fuera de la voluntad discrecional de un hombre".

Las dudas sobre nuestro futuro económico, la frágil paz social, la todavía escandalosa desigualdad y nuestra errática política exterior, no podrán ser superadas si no ponemos fin al clima de intemperancia instituido en el país.  La imaginación siempre es mejor que el rencor para quienes estamos dispuestos a modificar la realidad en el sentido de las aspiraciones y expectativas que hoy tiene el conjunto de nuestra sociedad.

Pertenezco a una generación que tuvo la dicha de conocer una Argentina económicamente próspera y socialmente integrada, en la cual como hijos podíamos aspirar a un futuro  mejor que el de nuestros padres.  Por lo tanto, todos los que tuvimos el privilegio de acceder a la universidad con una educación financiada por la gran mayoría de nuestros compatriotas tenemos hoy la responsabilidad de aportar esfuerzo y creatividad para que "ningún argentino se encuentre por debajo del nivel mínimo de dignidad que se merece por el solo hecho de ser argentino".

Es por ello que me dirijo al conjunto de nuestra sociedad para formular un plan general de gobierno que nos permita integrar simultáneamente a la Argentina a sí misma y al mundo.  No debemos permitir que se siga desperdiciando la posibilidad de transformar el crecimiento económico en desarrollo.

Creo que es perentorio que el Estado deje de ser rehén de las disputas políticas y las ambiciones de corto plazo que a diario comprometen nuestro presente y porvenir y pase a cumplir plenamente su rol de prestador de servicios a la comunidad.

Nuestra patria es rica en recursos, humanos y materiales.  Están mal administrados y, por lo tanto desaprovechados.  Como dirigentes tenemos el deber de devolverle cohesión a nuestra Nación reconstruyendo la autoridad del Estado, fortaleciendo nuestras instituciones, defendiendo los derechos de la persona humana y administrando nuestros recursos a través de una armónica combinación de solidaridad y eficiencia.

La política debe potenciar el conocimiento científico-tecnológico para poner a la sociedad del conocimiento al servicio de la clase productiva como afirmó Su Santidad Juan Pablo II en la Encíclica Centesimus Annus.  La ciencia permitirá el desarrollo pleno de la inteligencia y la creatividad de los argentinos.  El progreso de la Nación depende de las personas y por lo tanto hay que invertir en la gente.

Me propongo llevar adelante una "Cruzada Nacional contra la Pobreza" pues no hay responsabilidad mayor para un gobernante que la de poner proteínas en la cabeza de nuestro niños, porque allí es donde se juega el futuro de nuestra Patria.  El hombre argentino es el principal atributo de la calidad de nuestra Nación.

Principios Rectores y FundamentosTodas las patologías de la burocracia están presentes en la organización clientelística que hoy tiene la política social.  Se necesita cambiar la manera de hacer las cosas: voy a producir una reconversión estructural de nuestro presupuesto para garantizar que por cada peso de inversión en acción social, salud y educación haya el equivalente de un peso en servicio a la gente.

La política social tiene para nosotros un objetivo dominante: reducir la desocupación y atender sus consecuencias.

Imagino entonces un Estado eficiente, competitivo y profundamente solidario.

Debemos tener más presente que nunca que el bienestar humano, el conocimiento y la solidaridad son los motores más poderosos del crecimiento.  En consecuencia, la educación argentina debe recuperar la calidad que tuvo en muchos períodos de nuestra historia, para lo cual hay que reconstruir la autoridad del maestro y la jerarquía de los contenidos.

El desafío de integrarnos al mundo nos obliga a producir excelencia a nivel de nuestros recursos humanos.

Para el logro de estos propósitos es indispensable que coloquemos al Estado y al mercado en términos de armónico funcionamiento, porque del equilibrio entre ellos depende en gran medida el fortalecimiento de nuestra sociedad.

Consagraré de este modo la supremacía del conjunto respecto de los intereses de las partes.  Y, en el contexto de una pacífica convivencia republicana, habremos transitado nuestro Bicentenario como Nación dejando a los gobiernos que nos sucedan -con prescindencia de su signo ideológico o partidario- una sólida trama institucional que asegurará la legitimidad política, la eficiencia económica, la racionalidad ecológica y la justicia social.

La Argentina que Merecemos
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