




Diagnóstico. Argentina padece una crisis energética severa que es el resultado de la falta de inversiones agudizada en los últimos cuatros años. Además de inversiones –fundamentalmente privadas- se requiere planificación para que la matriz energética sea más diversificada y resistente a shocks.
Un gobierno que asumió ya con una economía en recuperación no hizo nada en el área energética en cuatro años de gestión pese a saber que el crecimiento demanda energía y que las inversiones, sea en exploración, producción, transporte o generación insumen tiempo. Por eso la inacción en esta materia es inexplicable. Esta falencia en la gestión obligará al próximo gobierno a correr a la demanda energética desde atrás.
Como resultado de las malas políticas del Estado la producción, capacidad instalada y reservas de petróleo, gas y energía eléctrica se mantiene estancada o en descenso desde 2002 operando al límite de la capacidad en un contexto de demanda creciente y reservas en declive.
Donde las fallas se hacen más notorias es en el mercado eléctrico y en el abastecimiento de gas. La inoperancia del gobierno nacional se traduce en cortes de abastecimiento que se han multiplicado fundamentalmente en el interior del país. Las industrias han debido detener la producción y suspender personal por la interrupción del suministro en el invierno y nuevas restricciones van a surgir cuando llegue el calor en el verano.
La potencia instalada teórica en el sistema eléctrico se mantiene virtualmente inalterada desde 2001 en 24,000 MW mientras que la demanda ha crecido más de 20% hasta agotar la reserva del sistema. Ninguna central eléctrica nueva se ha incorporado en la gestión del actual gobierno. Con una visión meramente electoralista el gobierno decidió mantener un esquema de subsidios mal diseñado –por ejemplo el gas en garrafa que consumen los pobres cuesta cinco veces más caro que el gas de red- hasta el día después de las elecciones.
Respuesta. El Plan Lavagna generará las condiciones para que el sector privado, nacional y extranjero, invierta tanto en la exploración y producción de hidrocarburos, como en la generación y transporte de electricidad. En ese sentido, las nuevas inversiones para la producción de gas tienen que recibir mismo trato (un precio de indiferencia) en boca de pozo que el que se le reconoce al gas que viene de Bolivia.
El plan prevé financiar las obras con el redireccionamiento de los fondos fiduciarios, con los recursos producidos por la venta pública y transparente de las participaciones del Estado como socio minoritario en emprendimientos que no justifican el rol de accionista y con capital privado.
Un eje central en el diseño estratégico del plan es la diversificación de la matriz energética y sentar de ese modo las bases de una estrategia energética racional y consistente a diez años vista. Este plan busca asegurar la cobertura total de la demanda eléctrica en los próximos diez años y para ello prevé que la potencia instalada crecerá un 25% en el período 2007-2011, llegando a 30.000 MW. El plan permitirá diversificar gradualmente la matriz y al cabo de cuatro años mostrar el siguiente perfil:

El Plan Lavagna prevé las siguientes inversiones en generación y transporte (2007-2011):
El Plan Lavagna contempla el uso racional de la energía –con énfasis en los consumos del sector público- para descomprimir la emergencia energética hasta que maduren las inversiones en generación y transporte. Dicho plan prevé: