




Diagnóstico: la falta de empleos dignos y bien remunerados es uno de los principales reclamos de la sociedad argentina. Aún el 40% de los argentinos en la población económicamente activa trabaja en la informalidad -sin cobertura de salud ni aportes jubilatorios- y otro 12% no consigue trabajo.
La sociedad moderna solamente encuentra armonía entre sus integrantes cuando hay justicia social. Esta depende fundamentalmente de la posibilidad de todos los ciudadanos en edad activa de acceder a un empleo digno y, consecuentemente, a la satisfacción de sus necesidades elementales.
El aumento del empleo formal es también una poderosa herramienta de reactivación de nuestra economía, por el estímulo directo al consumo y el indirecto por medio del crédito, al que sólo acceden los trabajadores inscriptos.
Respuesta: el empleo de calidad se promueve con reglas macroeconómicas que dan rentabilidad a las actividades productivas. Básicamente, i) una tasa de cambio competitiva que protege el trabajo de los argentinos sin crear distorsiones porque es una medida de carácter horizontal que beneficia a la producción de bienes y de servicios; ii) bajas tasas de interés que alientan la inversión y la producción vis-a-vis la obtención de rentas financieras; iii) la estabilidad por oposición a la volatilidad que hemos padecido en las últimas décadas y que ha disuadido la creación de puestos de trabajo de calidad por los costos inherentes a la reducción de la nómina laboral, causa incluso de quebrantos empresariales.
Estos tres objetivos requieren de un superávit fiscal consistente y mantenido en el tiempo.
La respuesta del Plan Lavagna a las condiciones macro es regresar el programa económico a su curso original corrigiendo los desvíos producidos en los últimos 20 meses. Esto requiere ajustes en materia de superávit, política cambiaria y en el mix de políticas monetarias, fiscales y de ingresos para combatir la inflación.
La generación de empleo es consecuencia de un marco macroeconómico adecuado pero requiere también políticas específicas para atender fundamentalmente a las Pymes que son las generadoras de más del 80% del empleo total.
También es necesario asegurar la regularidad de la provisión energética que se presenta hoy como un serio obstáculo a la creación de empleo.
El Plan Lavagna prevé:
1) El 3 de agosto pasado presentamos un programa ganadero 2007-2011 en la rural con el objeto de revertir el proceso de liquidación de vientres en curso y crear los incentivos para un aumento de la producción. El plan incluyó los siguientes puntos: i) Deducir del Impuesto a las Ganancias anual a pagar el valor de todas las hembras preñadas retenidas, destinadas a producción de leche y/o carne; ii) Implementar incentivos fiscales y financieros para la siembra de pasturas, verdeos y demás mejoras destinadas a la producción de carne y/o leche; iii) Como consecuencia de la caída de producción local, causada por la crisis energética que el Gobierno aún no admite, autorizar la importación sin aranceles de 300.000 T de urea, y 30.000 T de azufre; iv) Eliminar todas las restricciones a las exportaciones de carne, y volver a la situación de retenciones y reintegros de comienzos del 2005; v) Acordar con la industria y el comercio, hasta tanto se implemente un subsidio directo al consumo de alimentos básicos, el abastecimiento de los llamados cortes populares a precios reducidos; vi) Implementar incentivos fiscales y apoyo crediticio para lograr en un plazo razonable tener un status sanitario único, tanto del rodeo como de la industria y la comercialización. Y así poder avanzar con la comercialización “por cortes”, reemplazando al actual sistema de media res; vii) Consecuentemente también lograr un mejor cumplimiento fiscal de toda la cadena, para evitar la competencia desleal que se observa en la actualidad; viii) En un contexto de crecimiento del sector, facilitar la reconversión de los frigoríficos con deudas fiscales, previsionales y/o bancarias; ix) Proponer conjuntamente con todos los sectores de la cadena de valor, un Plan a 10 años, que procure aumentar la tasa de extracción, y el peso de faena, para llegar a superar los 5 millones de toneladas de producción de carne, y los 3 millones de toneladas de exportación.